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Dolores de crecimiento: ¿Realidad o Mito?

 

Desde hace muchas décadas se han atribuido los dolores articulares en la infancia a los dolores de crecimiento, pero en realidad, ¿existen o son sólo una justificación que les damos a los más pequeños ante sus quejas?

Los dolores de crecimiento existen, son una entidad bien definida, fue un médico francés, en 1823, el primero en denominarlos así. Desde entonces se han llamado de otras muchas formas, intentando reflejar en el nombre en lo que consisten. Por esa razón, algunos pediatras también lo llaman “dolores nocturnos paroxísticos” o “dolores nocturnos de extremidades benignos idiopáticos y paroxísticos”.

Los dolores de crecimiento, cuya causa aún desconocemos, suelen aparecer en niños o niñas entre los 4 y los 14 años. Es habitual que los padres tuvieran unos síntomas habituales en su infancia.

Los síntomas típicos es la aparición de dolor, sobre todo en las piernas, afectando a las dos, a veces en un punto concreto (por ejemplo detrás de la rodilla) o a veces generalizados, que empiezan al anochecer o despiertan al niño por la noche, con llanto intenso. Pueden durar desde 30 minutos a 2 horas, y aparecen 2 o 3 veces por semana.

Habitualmente los padres dan un masaje en la zona dolorosa y los niños vuelven a dormirse. A la mañana siguiente, el niño no tiene dolor, es como si no hubiese pasado nada durante la noche.

Los episodios son más frecuentes y más intensos en aquellos días en los que los niños han tenido mayor actividad física.

Es muy importante asegurarse que ni durante los episodios ni fuera de ellos los niños presentan inflamación ni otros datos que puedan orientar a diagnósticos alternativos. Si esto es así, y los síntomas son los típicos, no suele ser necesario realizar pruebas diagnósticas (análisis, radiografía, etc). Cuando los niños presentan otros síntomas, como por ejemplo fiebre o el dolor persiste por la mañana, es importante la valoración por el médico para excluir otras enfermedades.

Sabemos que los dos dolores de crecimiento se van resolviendo con el tiempo, aunque cada niño lleva su ritmo cada vez se hacen menos frecuentes e intensos hasta desaparecer.

Lo más importante es que si tu pediatra confirma que son dolores de crecimiento, estés tranquilo y transmitas esa calma a tu hijo, sabiendo que lo único que puedes hacer es acompañarle, darle masaje y esperar a que se resuelva.

Así que nuestros bisabuelos y tatarabuelos llevaban razón; aquellos dolores de piernas eran dolores de crecimiento, no lo decían por decir. Ellos estaban tranquilos, así que tú también debes estarlo.

Si tienes cualquier duda, consulta a tu especialista pediátrico.